Los capilares sanguíneos: son los vasos sanguíneos de menor diámetro,
están formados solo por una capa de tejido, lo que permite el intercambio de
sustancias entre la sangre y las sustancias que se encuentran alrededor de
ella.
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El calibre de los capilares de las diferentes
partes del cuerpo varía dentro de límites relativamente estrechos, entre 8 y 12
micras, y permite el paso con dificultades de las células sanguíneas.
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En los órganos que están en un estado de actividad
funcional mínima, muchos capilares están estrechados de tal modo que apenas
circula sangre por ellos. De ordinario, solo el 25 por 100 del lecho capilar
total del cuerpo está abierto, pero cuando aumenta la actividad, los capilares
se abren y se restaura el flujo para atender a las necesidades locales de
oxígeno y nutrientes.
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En los cortes transversales de los capilares
pequeños, una célula endotelial puede extenderse alrededor de toda la luz. En
los capilares mayores, la pared puede estar constituida por parte de dos o tres
células.
Tipos
de capilares.
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Capilar venoso: encargado
de llevar sangre desoxigenada hacia el corazón por medio de las vénulas donde
se encuentran las venas para que luego este lo bombee a las distintas partes
del cuerpo.
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Capilar
arterial, encargado de transportar la sangre oxigenada a los diferentes tejidos
y órganos.
Sin embargo, con la resolución que proporciona el microscopio de luz,
los capilares de los diferentes tejidos y órganos parecen muy semejantes, pero
con el microscopio electrónico han podido distinguirse sobre la base de las
diferencias del endotelio al menos dos tipos morfológicos distintos.
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Capilares
continuos o de tipo muscular: En el músculo, el
tejido nervioso y los tejidos conjuntivos del cuerpo, el endotelio forma una
capa delgada ininterrumpida alrededor de toda la circunferencia del capilar.
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Capilares fenestrados o viscerales: En el páncreas,
el tubo digestivo y las glándulas endocrinas, el endotelio varía de grosor, y
algunas regiones sumamente delgadas están interrumpidas por fenestraciones
circulares o poros de 80 a 100 nanometros, cerrados por un diafragma muy
delgado que tienen un engrosamiento central puntiforme. Cuando se les ve de
frente en las micrografías de microscopio electrónico de barrido o en
preparaciones de criofractura, los poros aparecen distribuidos de modo muy
regular con una distancia de centro a centro de unos 130 nanometros. En estos
capilares fenestrados, las áreas que muestran poros constituyen solo una parte
de la pared del vaso siendo el resto parecido al endotelio de los capilares de
tipo muscular. Las proporciones relativas de áreas fenestradas y no
fenestradas, varían en los capilares de los distintos órganos. Entre los
capilares fenestrados, los del glomérulo renal parecen ser una excepción por el
hecho de que los poros no están cerrados por diafragmas, y su lámina basal es
hasta tres veces más gruesa que la de los otros capilares. El líquido atraviesa
la pared a una velocidad cien veces mayor que en los capilares del músculo,
fenómeno que afecta directamente la presión arterial.
Capilares sinusoidales: Son de mayor tamaño y
tienen forma más irregular. El endotelio es discontinuo por la presencia de
fenestraciones sin diafragmas. La lámina basal también es discontinua, lo que
aumenta el intercambio entre la sangre y el tejido. Se encuentran en el bazo,
hígado, en la médula ósea y en algunos órganos linfoides y algunas glándulas
endocrinas
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